La Reserva Natural Ciudad Evita fue el escenario elegido por investigadores de la FAUBA para estudiar un enfoque emergente: el turismo regenerativo. Los resultados del análisis muestran que este modelo no solo es posible, sino que genera resultados concretos y medibles.
A lo largo de doce meses, más de 600 personas visitaron la reserva participando en tareas de mejoramiento ambiental. No se trató de recorridos pasivos, sino de jornadas activas donde cada visitante contribuyó a la conservación del espacio. Las actividades realizadas fueron variadas: plantación de flora autóctona, extracción de plantas exóticas que compiten con la vegetación nativa y recolección de residuos.
El concepto de turismo regenerativo parte de una premisa simple pero transformadora: el turismo puede y debe ser una herramienta de restauración ecológica. En lugar de extraer valor de los espacios naturales solo mediante su consumo visual, se propone que los visitantes agreguen valor a través del trabajo colaborativo.
En el caso específico de la Reserva Natural Ciudad Evita, esta metodología permitió alcanzar múltiples objetivos simultáneamente. Se benefició la biodiversidad del sitio con nuevas especies nativas; se controló la proliferación de plantas invasoras; se limpió el territorio de contaminación. Todo esto, mientras cientos de personas accedían a la experiencia de conectar con la naturaleza de manera significativa.
La investigación de la FAUBA documentó esta experiencia para demostrar que el modelo es escalable. Los números hablan por sí solos: seiscientos visitantes en doce meses realizando tareas concretas de regeneración ambiental.
Este enfoque desafía la lógica tradicional del turismo de consumo pasivo. Propone, en cambio, una relación diferente entre visitantes y espacios naturales, donde ambos se benefician. Los viajeros obtienen una experiencia más profunda y significativa, mientras que los ecosistemas reciben cuidado y recuperación.
Imagen: Ronaldo Murcia / Pexels – Con informacion de TN





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