Un volumen temporal de 300 mil toneladas de carne vacuna fue habilitado por Estados Unidos, pero Argentina no figura entre los beneficiarios. La medida reservó este contingente para «otros países o áreas», excluyendo así a quienes ya cuentan con cuotas diferenciadas, como sucede con la cuota argentina de 100 mil toneladas.
La política estadounidense responde a objetivos domésticos: ampliar la oferta de carne vacuna en el mercado local y, como consecuencia directa, reducir los precios de la carne picada que pagan los consumidores estadounidenses. Es un instrumento de regulación económica interna.
Argentina mantiene su acceso comercial tradicional a través de su cuota establecida, pero este nuevo cupo temporal queda fuera de su alcance. La clasificación adoptada por Estados Unidos genera una división entre países con acuerdos específicos previos y aquellos sin asignaciones fijas, favoreciendo a estos últimos en esta oportunidad puntual.
Para el sector ganadero y exportador argentino, la exclusión significa la imposibilidad de colocar volúmenes adicionales en un mercado de alto valor como el estadounidense. Esto ocurre en un contexto donde maximizar exportaciones es fundamental para la cadena de valor local.
La decisión refleja dinámicas complejas del comercio internacional, donde las negociaciones de cuotas fragmentan el acceso según diferentes criterios. Argentina, al tener una cuota propia establecida, no puede participar en este cupo genérico. La estructura genera incentivos para ciertos proveedores mientras limita opciones de expansión para otros ya integrados al sistema comercial bilateral con Estados Unidos.
Imagen: Andres Idda Bianchi / Pexels – Con informacion de Clarín Rural






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