A pesar de los esfuerzos por estabilizar la economía, el empleo registrado sigue en caída. Esta realidad pone de manifiesto que las medidas aplicadas hasta ahora resultan insuficientes para revertir el deterioro laboral, marcando así una deuda pendiente del programa económico.

El diagnóstico es claro: sin reformas estructurales adicionales, la recuperación del empleo seguirá siendo esquiva. Los especialistas han identificado tres transformaciones prioritarias que podrían cambiar el rumbo.

La primera es una reforma previsional. Este cambio buscaría reorganizar el sistema de jubilaciones y pensiones, ajustando sus costos y permitiendo reasignar fondos hacia políticas que impulsen la actividad económica y generen puestos de trabajo.

Una segunda línea apunta a la reducción de impuestos. Disminuir la presión fiscal sobre empresas y contribuyentes liberaría recursos privados que podrían canalizarse hacia inversión, ampliación de operaciones y, por supuesto, contratación de empleados en el sector formal.

Finalmente, se subraya la relevancia de mejorar las condiciones de crédito. Un acceso más generoso al financiamiento permitiría que pequeños y medianos empresarios, así como grandes corporaciones, implementen proyectos de expansión que demanden más mano de obra.

El nudo del problema radica en que estabilización no es sinónimo de crecimiento. Una economía puede controlar inflación y mantener reservas, pero sin que ello se traduzca en más producción y empleo. Esa es la brecha que hoy enfrenta el modelo.

Cerrar esa brecha requiere decisión política y voluntad de implementar cambios profundos. Solo con una combinación de reformas que alienten la inversión privada, que mejoren la rentabilidad de empresas y que faciliten el acceso a crédito, el empleo registrado volverá a crecer.

Imagen: Jakub Zerdzicki / Pexels – Con informacion de Ámbito

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