El economista Cachanosky formuló una crítica directa al gobierno, argumentando que Argentina carece de logros significativos en el campo de la libertad económica, tema que debería ser central para una administración que se reclama como abanderada de estas políticas.
Su análisis se basó en datos concretos: la nación ocupa el puesto 106 en el ranking mundial de libertad económica. Esto significa que existe un rezago importante frente a numerosos países a nivel planetario, lo que representa un problema político para un proyecto que ha hecho de la apertura económica uno de sus estandartes principales.
Cachanosky fue enfático al señalar que Argentina se encuentra por debajo de Tanzania, Tonga, Cambamba y El Salvador en este indicador internacional. La mención de estos países adquiere relevancia porque generalmente no figuran como ejemplos destacados de economías liberales o desreguladas, lo cual amplifica el mensaje crítico.
El ranking de libertad económica es una medición que sintetiza diversos factores: desde la facilidad regulatoria para hacer negocios hasta la protección de derechos de propiedad, la apertura comercial y el tamaño del sector público, entre otros indicadores técnicos.
La brecha entre el discurso gubernamental y los resultados mensurables en estas evaluaciones internacionales es lo que Cachanosky pretendía poner en evidencia. Si bien pueden haberse ejecutado reformas normativas en diversos ámbitos, los números totales siguen mostrando un país rezagado en el contexto global.
Esta evaluación del economista plantea interrogantes sobre las causas del rezago: persisten obstáculos institucionales, existe inercia normativa, hay resistencias a cambios más profundos, o simplemente los cambios implementados no han sido suficientes en magnitud y alcance.
Imagen: Rafael Rodrigues / Pexels – Con informacion de Perfil





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