Atalaya vive una transformación comercial sin precedentes. Lo que parecía ser una sucursal más en su red de puntos de venta se convirtió en el local de mayor desempeño: Aeroparque. El crecimiento del tráfico internacional en ese terminal aéreo le permitió a la cadena de medialunas descubrir un segmento de mercado hasta entonces subestimado.
Los números hablan por sí solos. Las ventas en Aeroparque superan a las de cualquier sucursal ubicada en rutas nacionales. Esta realidad motivó a la compañía a replantear su estrategia de expansión, dejando de lado el modelo tradicional de presencia en corredores viales.
¿Qué explica este salto comercial? Los pasajeros de vuelos internacionales representan un consumidor distinto. Generalmente viajan con liquidez disponible, realizan compras puntuales antes de embarcar, y no son particularmente sensibles a diferencias de precio en montos pequeños. Para una cadena de alimentos como Atalaya, este perfil es el ideal.
En contraposición, el pasajero de ruta tradicional posee características opuestas: busca precios bajos, compra de forma ocasional, y es sensible a variaciones en tarifas. La rentabilidad por transacción en rutas es significativamente inferior a la del aeropuerto.
La compañía ya proyecta la próxima movida: instalar un nuevo local en Ezeiza. El principal aeropuerto internacional del país representa una oportunidad equivalente a la que Aeroparque brindó. Atalaya estima que replicar el modelo aeroportuario en Ezeiza generará resultados similares a los obtenidos en el terminal capitalino.
Este giro estratégico marca un quiebre importante en la historia de Atalaya. La cadena reconoce que el futuro del negocio no está en la ruta, sino en el aire. La apuesta es consolidar una presencia fuerte en terminales aéreas durante los próximos períodos, transformando el perfil de ingresos y sostenibilidad de la empresa.
Imagen: Yaşar Başkurt / Pexels – Con informacion de El Cronista






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