Un ciudadano nacional compartió la incertidumbre y el malestar que se vive dentro de la embarcación tras detectarse casos de una enfermedad viral entre la tripulación.

La travesía soñada de un grupo de turistas se transformó en una experiencia cargada de ansiedad y aislamiento preventivo. Bajo la angustiante frase «me quiero morir», un argentino a bordo del crucero con un brote de hantavirus conto como son sus dias de cuarentena encerrado en su camarote. El hombre detalló que la comunicación por parte de la empresa naviera ha sido escasa, lo que aumenta la preocupación entre los cientos de pasajeros que no pueden descender en los puertos previstos. Las autoridades sanitarias internacionales han tomado el control de la situación, realizando testeos masivos y extremando la desinfección de las áreas comunes del buque. El pasajero relató que la rutina se ha reducido a recibir la comida en la puerta de la habitación y esperar los partes médicos que llegan por los altavoces. El miedo al contagio sobrevuela cada pasillo, a pesar de que se ha informado que la transmisión de este virus no es sencilla entre humanos en esas condiciones. Muchos familiares desde Argentina siguen minuto a minuto la evolución de la situación, pidiendo la repatriación o el traslado a centros de salud terrestres. La empresa ha cancelado todas las actividades recreativas y el acceso a cubiertas abiertas, manteniendo a todos bajo una vigilancia estricta. El testimonio refleja el agotamiento psicológico de estar confinado en un espacio reducido mientras el barco permanece anclado a la espera de autorizaciones oficiales. Se busca determinar el origen del brote, que se sospecha comenzó en un depósito de suministros antes de zarpar. El gobierno argentino está en contacto con la cancillería del país donde se encuentra el buque para garantizar la asistencia a sus ciudadanos. La situación sigue siendo dinámica y se espera que en las próximas 48 horas se defina el destino final de la embarcación y sus pasajeros.

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